miércoles, 4 de febrero de 2009

LAS REVOLUCIONES DE 1820, 1830 Y 1848

LAS REVOLUCIONES DE 1820

La oleada revolucionaria que recorrió Europa en 1820 afectó fundamentalmente al área mediterránea, más concretamente a España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros estados fracasó la implantación de sendas monarquías liberal-constitucionales debido a la intervención de los vecinos estados absolutistas.
En Grecia la revolución, que perseguía la independencia respecto al Imperio Turco, fue apoyada por Gran Bretaña, Rusia y Francia. Tras una larga guerra que duró casi una década y que concluyó en 1829, Turquía reconoció la independencia del nuevo Estado.

En América se independizaron las colonias de España y Portugal, resultando de ello el nacimiento de diversas repúblicas.


Delacroix. La matanza de Quíos

LAS REVOLUCIONES DE 1830


Tuvieron mayor relevancia y trascendencia que las de 1820. En ellas se entremezclaron reivindicaciones de carácter nacionalista (Bélgica, Polonia, Italia y Alemania) con intereses de grupos minoritarios burgueses y obreros.
El epicentro de estos movimientos, al igual que en 1789, fue Francia.

Gran parte de estas insurrecciones estuvieron auspiciadas por minorías agrupadas en asociaciones secretas, con conexiones internacionales de fuerte presencia en la oficialidad del ejército. Su objetivo era realizar una "revolución universal contra la tiranía". De entre esas asociaciones destacaron la de los masones y sus herederos más activos, los carbonarios.

La revolución en Francia

Carlos X de Borbón (sucesor de Luis XVIII) había restablecido el absolutismo monárquico. Tras las revueltas de 1830 se vio obligado a abdicar en la figura de Luis Felipe de Orleans (1830-1848)liberal de signo doctrinario quien instauró un régimen político (moderado) con sufragio censitario.

Carlos X. Ampliar imagen
Carlos X

Luis Felipe de Orleans. Ampliar imagen
Luis Felipe

Bélgica

Logró independizarse de los Países Bajos (Holanda) a la que había sido unida en 1815 como "Estado tapón". Formó un nuevo estado basado en una monarquía constitucional representada por Leopoldo I.

España

Pasó de un régimen político absolutista a un régimen liberal, iniciándose un período de guerras civiles entre liberales y absolutistas (Guerras Carlistas).

Polonia, Alemania e Italia

En estos países las revoluciones no tuvieron éxito, fueron aplastadas por los regímenes absolutistas de Rusia, Prusia y Austria. La mayoria de los liberales y nacionalistas polacos, italianos y alemanes hubieron de exiliarse a otros países, fundamentalmente a Gran Bretaña y Francia.

LAS REVOLUCIONES DE 1848
Imágenes de la revolución de 1848 en París. Ampliar imagen
Revolución de 1848 en París
La oleada revolucionaria de 1848 se inició -al igual que la de 1830- en Francia y se extendió a continuación por gran parte de Europa. Es conocida con el nombre de "primavera de los pueblos".
Sus causas fueron:
  • La crisis económica desatada en Francia en 1847 como consecuencia de una serie de malas cosechas, en especial la de patatas, alimento básico para las clases populares. La crisis agraria influyó en los sectores industrial y financiero, llevando al paro a muchos obreros.
  • La negación de derechos y libertades a importantes sectores de la sociedad francesa: la monarquía de Luis Felipe de Orleans sólo satisfacía los intereses de la alta burguesía, en tanto que la pequeña burguesía como el proletariado quedaban política y económicamente desatendidos.
Hay que distinguir entre los sucesos de Francia y el resto de Europa:

Francia

En febrero la insurrección, protagonizada por sectores pequeño-burgueses, obreros y estudiantes forzó la abdicación de Luis Felipe y la proclamación de la IIª República bajo un régimen de acusado matiz social que implementó las siguientes medidas: sufragio universal masculino (frente al censitario), libertad de prensa, libertad de asociación y derecho al trabajo.


El gobierno provisional contó por primera vez con miembros socialistas (Louis Blanc) que implantó la jornada laboral de 10 horas. Además, con el fin de mitigar el paro obrero (más de 100.000 desempleados solo en el distrito de París) fueron creados los Talleres Nacionales, impulsados desde el Estado, si bien constituyeron un fracaso y fueron clausurados tras pocos meses de funcionamiento.
En junio la revolución se radicalizó y la pequeña burguesía que había estado del lado de las clases obreras se alió con la alta burguesía. La lucha contra el absolutismo se transformó en una lucha interclasista entre burgueses y obreros que se saldó con una fuerte represión (más de 1.500 ejecutados).
Luis Napoleón Bonaparte (20 de abril de 1808 – 9 de enero de 1873). Presidente de la  República desde 1848 hasta 1852. Emperador de Francia desde 1852 hasta 1870. Ampliar imagen
Napoleón III
Tras la aprobación de la Constitución fue nombrado presidente de la República Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón, quien en 1852 se proclamó emperador con el nombre de Napoleón III , dando al traste con la mayor parte de las reivindicaciones revolucionarias e inaugurando el Segundo Imperio francés.

El resto de Europa

Imperio Austríaco
Se produjo la caída y huida de Metternich y el emperador Fernando I hubo de aceptar la formación de una Asamblea Constituyente. Las reinvinciaciones nacionalistas se unieron a las liberales, especialmente en Hungría y Chequia, que lograron cierta autonomía dentro del Imperio.

Alemania
La revolución en Alemania también tuvo una marcado signo nacionalista. Federico Guillermo IV de Prusia hubo de aceptar una Constitución de base censitaria.
Revolución de 1848 en Berlín. Ampliar imagen
Revolución en Berlín

Italia
La revuelta estuvo cargada de significado nacionalista y sirvió -pese a su fracaso- de punto de partida en el proceso de unificación.

Palacio real de Nápoles, 11 de febrero de 1848. Ampliar imagen
Sucesos de 1848 en Nápoles
En Nápoles se implantó una monarquía constitucional que sustituyó al absolutismo; en los Estados Pontificios la sublevación hizo huir al Papa y se constituyó una república; el reino de Lombardía-Véneto se sublevó contra los austríacos y en el reino del Piamonte se creó una monarquía constitucional que se convirtió en el motor de la unidad italiana.

Balance de las revoluciones de1848

Aunque las revoluciones de 1848 fracasaron, su experiencia influyó poderosamente en las ideologías obreras del siglo XIX.

Socialmente

Los distintos grupos que se unieron en los inicios de la revolución se alejaron luego al defender distintos objetivos:

  • Una buena parte de la pequeña burguesía , temerosa de una revolución social, abandonó su alianza con el proletariado y se unió a la gran burguesía, aunque a lo largo del siglo XIX las diferencias entre ambas fueron bien patentes y se materializaron en las luchas políticas entre moderados y radicales.
  • El proletariado comenzó a adquirir conciencia de clase y, si bien actuó desorganizadamente, se constituyó como un movimiento autónomo desgajado de los intereses burgueses.
  • Los campesinos , una vez conseguida su liberación del régimen señorial, se condujeron de forma muy moderada y su objetivo en el futuro sería preservar las conquistas conseguidas.

Políticamente

A pesar de ese aparente fracaso, los hechos acontecidos en 1848 supusieron el inicio de una progresiva democratización (sufragio universal) y la incorporación a la lucha política de la clase trabajadora.

BALANCE DE LAS REVOLUCIONES DEL S XIX:

El resultado de las revoluciones de la primera mitad de siglo XIX fue muy desigual, pues mientras en algunas zonas sus planteamientos triunfaron y se consolidaron (caso de Grecia en 1821), en otros fracasaron (Francia en 1848). De todos modos consiguieron derribar definitivamente el caduco sistema en que sustentaba la Restauración.

Tabla comparativa de las Revoluciones
Tabla comparativa





EL LIBERALISMO POLÍTICO

El liberalismo es un movimiento de amplia proyección (económica, política y filosófica) que defendía (hoy lo sigue haciendo) como idea esencial el desarrollo de la libertad personal individual como forma de conseguir el progreso de la sociedad. Una parte de sus ideólogos propugnaron la aplicación de esos principios de forma gradual, en tanto que otros más radicales utilizaron la vía revolucionaria para impulsarlos. En cualquier caso la clase social que dio aliento al liberalismo fue la burguesía. El liberalismo se desarrolló paralelamente a otro gran fenómeno del siglo XIX: la Revolución Industrial.

Sus rasgos estrictamente políticos son:

  • La defensa de las libertades y los derechos individuales de pensamiento, conciencia y asociación.
  • La igualdad jurídica de todos los ciudadanos ante la ley.
  • La soberanía nacional por la cual el poder reside en el pueblo y no en el monarca, tal y como el legitimismo de la Restauración sostenía.
  • La división de poderes teorizada por Montesquieu.
  • El control de la gestión publica a través de la publicidad y la libertad de prensa y opinión.
  • La ordenación del régimen político mediante una Ley Fundamental o Constitución que estuviese por encima del rey y encarnase la soberanía nacional.

El liberalismo significó

  • Un profundo cambio social que garantizó el poder de la burguesía y la instauración de un orden clasista basado en la riqueza y no en los privilegios. Ese dominio se sustentó inicialmente en el ejercicio del sufragio censitario, pero éste quedó superado a raíz de las revoluciones de 1848 y fue sustituido por otro más amplio, de carácter universal.
  • La plasmación práctica de esta ideología se consiguió tras las sucesivas oleadas revolucionarias que jalonaron la primera mitad del siglo XIX: 1820, 1830 y 1848.

sábado, 10 de enero de 2009

LA UNIFICACION DE ITALIA

LA UNIFICACIÓN DE ITALIA Y ALEMANIA


1.-LA UNIFICACIÓN DE ITALIA.

A mediados del siglo XIX Italia contaba con 25 millones de habitantes. Poseía suficiente potencial humano y económico como para constituir un gran país, pero no lo era: su fragmentación política y la dependencia de Austria lo impedían. No lograría desarrollarse hasta completar su unidad.
El origen del proceso tuvo lugar en los territorios del norte, los más industrializados, ricos y socialmente avanzados. Fue allí donde se desarrollaron una serie de revueltas antiaustríacas, de carácter liberal, enmarcadas en un movimiento intelectual, cultural y unitario denominado “Risorgimento”.
Italia antes de la unificación
A inicios del siglo XIX Italia era una expresión de carácter geográfico (tal y como sostenía el canciller austríaco Metternich) con un glorioso pasado cultural. Carecía de unidad política, es decir, no constituía un Estado, sino que se hallaba fragmentada en varios. Algunos de ellos eran independientes, pero otros -antaño libres- se hallaban ahora bajo el control de potencias “extranjeras” como Austria, principal obstáculo de la unificación.
Napoleón Bonaparte en sus conquistas invadió la península e incorporó los estados italianos a su Imperio. Su derrota llevó consigo la reconfiguración político-territorial de Europa, establecida en el Congreso de Viena (1815). A partir de entonces, Italia quedaba constituida por siete estados:
En el Norte
El Reino de Lombardía-Venecia
Estaba integrado por: El antiguo Ducado de Milán, también denominado Milanesado (en Lombardía), desde 1706 en poder del Imperio Austríaco. La antigua República de Venecia que había jugado un importante papel durante el Renacimiento, pero que se encontraba desde 1797 bajo el dominio de los austríacos . El Reino de Lombardía-Venecia estaba regido por la casa de los Habsburgo. Los ducados de Parma, Módena y Toscana (ésta última, en el centro-norte de la península) estaban gobernados por príncipes de ascendencia austríaca y de facto dependían del Imperio. Tanto el Reino de Lombardía-Véneto, como los ducados, estaban tutelados por gobiernos antiliberales de origen extranjero.
El Reino de Piamonte-Cerdeña
Carlos A. de Saboya. Era políticamente independiente y estaba dirigido por la dinastía de los Saboya, de ascendencia italiana y protagonista de excepción en el proceso de unificación. Con capital en Turín y contando con Génova como importante centro comercial, constituirá el motor de la unificación.
En el Centro
Los Estados Pontificios
Integrados por los siguientes territorios: Romaña, Marcas, Umbría, Lacio, Pontecorvo y Benevento, con Roma como capital. Sus gobernantes eran los papas, desde 1846 Pío IX, auténtico monarca absoluto, opuesto a la unificación al tiempo que profundamente antiliberal.
Los Estados Pontificios cayeron en poder de los franceses durante las guerras napoleónicas, pero tras el Congreso de Viena fueron reintegrados a los pontífices.
En el Sur
El Reino de las Dos Sicilias

Francisco II .Estaba compuesto por Nápoles y Sicilia y era gobernado de modo absolutista por la dinastía de los Borbones.
Desde el punto de vista socioeconómico, había grandes diferencias entre el norte y el sur. El primero, industrializado tempranamente y con una emprendedora burguesía. El segundo, profundamente agrario, poblado por campesinos dependientes de una aristocracia anclada en el pasado. Esta disparidad regional será uno de los principales obstáculos con que se tope el proceso de unificación.

Factores de la unificación italiana
Ideológicos
Durante la primera mitad del siglo XIX el movimiento romántico fue determinante en el desarrollo del nacionalismo italiano. Destacados escritores como Manzoni y Leopardi, filósofos como Gioberti o músicos como Verdi y Rossini, preconizan en sus obras la existencia de una patria italiana unida frente a las ingerencias de las potencias extranjeras, especialmente Austria.
Alessandro Manzoni
Se abre camino la idea del “Risorgimento”, es decir, el “resurgimiento” de una Italia unida, como lo había sido durante la gloriosa antigüedad romana. Defendía una identidad cultural y unos sentimientos específicamente italianos.
Políticos
Hasta la primera mitad del siglo, los intentos de unificación fueron débiles, limitándose a acciones más encaminadas a derrocar las monarquías absolutistas por parte de miembros de sociedades secretas como la de los carbonarios, que a una acción coordinada y unificadora.
Su máxima figura fue Mazzini (1805-1872). Genovés, defendía una Italia unida organizada como república. Antiguo carbonario, fundó la sociedad nacionalista secreta “Joven Italia” que disponía de células repartidas por todo el territorio italiano. Presidió la breve República Romana creada en los territorios de los Estados Pontificios como consecuencia de la revolución de 1848.
Dos años más tarde, la república sería disuelta por la intervención de las tropas francesas que repusieron al papa Pío IX como gobernante de sus antiguos estados. Este modelo representó la tendencia más radical y progresista de cuantas hubo, si bien no llegó a cuajar en la práctica.
Víctor Manuel II. Representó el ejemplo más influyente de todos. Su protagonista más cualificado fue el conde de Cavour, partidario de la unificación en torno a la monarquía constitucional del Reino del Piamonte-Cerdeña, que a partir de 1849 contaría con la inestimable figura del rey Victor Manuel II, de la casa de Saboya.
EcSería este modelo unitario el que se impondría a la larga, dando como resultado la entronización del rey del Piamonte como primer rey de Italia.
Económicos.
Entre los factores económicos que propiciaron la unificación italiana, destaca el importante papel desempeñado por los industriales y comerciantes del rico norte, quienes, desde una perspectiva económica, alentaron y apoyaron el proceso. Pretendían, desde un punto de vista moderado, conseguir la creación de un mercado unificado, dotado de eficientes comunicaciones y una buena infraestructura viaria que diera salida a la producción industrial. La fragmentación política y territorial de Italia representaba un serio obstáculo para el comercio, por lo que era preciso eliminar las barreras aduaneras que impedían la exportación de mercancías desde el norte al sur de la península. Ese sur, por su parte profundamente desindustrializado, fue considerado por los industriales piamonteses como un interesante mercado donde vender sus artículos.

2.-EL PROCESO DE UNIFICACIÓN ITALIANO. ETAPAS:
A-La guerra contra Austria de 1848
La sublevación de Milan contra el poder austríaco (dentro del proceso revolucionario de 1848) impulsó a Carlos Alberto de Piamonte a acudir en su ayuda. Lombardía y Venecia también se unieron a Piamonte, declarando su independencia de Austria.
Pero la derrota de las tropas piamontesas a manos del mariscal austríaco Radetzky en Custozza (1848) y Novara (1849), obligaron al rey piamontino a abdicar en su hijo Víctor Manuel, que tenía un mayor grado de implicación en el proceso que su antecesor.
Simultáneamente, en los Estados Pontificios, estallaba la revuelta contra el papa Pío IX, que se vio obligado a huir. Se instauró una República con Mazzini a la cabeza. No obstante, dos años más tarde, en 1850, tropas francesas irrumpieron en Roma y restauraron el poder del pontífice, convirtiéndose en garantes de su independencia. A partir de ese momento los Estados Pontificios se transformaron en un serio escollo para la unificación y una amenaza para el liberalismo.
El intento de unión de 1848 fue un fracaso, los nacionalistas habrían de esperar una coyuntura más favorable para llevar a cabo sus aspiraciones. No obstante quedaba claro la existencia de un sentimiento nacional que impregnaba a importantes sectores de la población y que contaba con las simpatías de potencias extranjeras como Francia y Gran Bretaña.
B-La anexión de Lombardía (1859)
Aliado con Napoleón III de Francia mediante el pacto secreto de Plombières, el conde de Cavour, primer ministro del reino del Piamonte, acometió la tarea de expulsar a las tropas austríacas del reino de Lombardía-Véneto. En las batallas de Magenta y Solferino( 1859) las tropas austríacas fueron derrotadas y perdieron Lombardía, pero no así Venecia, debido a que Francia, firmó a espaldas de sus aliados la paz con Austria.
C-La integración de los territorios del norte (1860)
Mediante una compensación territorial (cesión de Saboya y Niza) Cavour se ganó la colaboración de Napoleón III. Mediante plebiscitos (referendums) alentados por Piamonte se consiguió la adhesión de Parma, Romaña, Módena y Toscana (1860).
Por su parte, Garibaldi, caudillo del nacionalismo italiano en su sentido más democrático y aventurero, se dirigió desde Génova con sus “mil camisas rojas” hacia el Reino de las Dos Sicilias. Conquista Palermo (Sicilia) y más tarde Nápoles. El reinado de los Borbones en Italia llega con ello a su fin.
Tras las incorporaciones de 1860, sólo restaba para completar la unidad la adhesión de los Estados Pontificios y Venecia. En 1861 muere Cavour sin ver rematada su obra. Meses antes, el primer Parlamento italiano, reunido en Turín, había dado a Víctor Manuel el título de rey de Italia.
D-La agregación de Venecia (1866) y los Estados Pontificios (1870)
La guerra entre Austria y Prusia que estalló en 1866 dio una nueva oportundiad al joven Reino de Italia para anexionarse Venecia. Sin embargo, los italianos, aliados de los prusianos, fueron vencidos por Austria de nuevo en Custozza y su flota destruida en Lissa.
No obstante, la victoria prusiana de Sadowa supuso la incorporación definitiva del territorio Véneto.
En lo que respecta a los Estados Pontificios, se encontraban protegidos por una guarnición francesa. Garibaldi, en 1867, había fracasado en su intento de tomar la capital. En 1870 Francia y Prusia entraron en guerra, los franceses, retiraron sus tropas de Roma y los italianos lograron completar su unificación. En 1871 la ciudad se convirtió en la capital del nuevo Estado. El Papa Pío IX se refugió en el Vaticano, donde se consideró a sí mismo un prisionero.











3.- EL NUEVO ESTADO ITALIANO.
La creación de Italia como Estado unificado supuso la desaparición de las antiguas fronteras, así como la homogenización legal y monetaria. Pero al mismo tiempo, la nueva entidad hubo de enfrentarse a una serie de problemas que dificultaron su cohesión:
El rechazo del papado a admitir la nueva situación enturbió las relaciones con las autoridades italianas. Hasta la firma de los Tratados de Letrán entre Mussolini y la Santa Sede en 1929, no se normalizaron los vínculos entre ambos estados. Ello ocurría en un país extremadamente arraigado al catolicismo y donde he hecho religioso estaba íntimamente ligado al político.
La brecha entre un norte rico, industrializado, urbano e integrado en la economía europea, y el sur preindustrial, agrario y pobre se agrandó. Esa desigualdad económica y social persistió durante el siglo XX y aún hoy constituye una realidad.
El nuevo Estado adoptó el régimen de monarquía parlamentaria, siguiendo el modelo del Piamonte, pero el voto no se extendió a grandes capas sociales hasta 1913, quedando la representación relegada a una minoría, sujeta a menudo a corruptelas.
Los beneficiarios políticos de la unificación fueron los burgueses del norte. Por contra, republicanos y demócratas (Garibaldi, Mazzini) se vieron superados por los monárquicos moderados. Su relevo lo tomarán los movimientos de carácter social del último tercio de siglo y primero del siglo XX, encarndos en ideologías como el anarquismo o el socialismo.
Con todo, la unificación convirtió a Italia en una gran potencia, que jugó un importante papel en el seno de Europa a lo largo del siglo XX. No obstante una parte de población quedaba un tanto al margen del sentimiento nacional, lo que obligó al nuevo Estado a fomentar intitucionalmente dicho espíritu.

TRABAJO
1-Analiza y comenta el texto.
“Una nación es la asociación de todos los que, agrupados ya sea por la lengua, sea por ciertas condiciones geográficas, sea por el rol que les ha sido asignado en la historia, reconocen un mismo principio y marchan, bajo el derecho de un imperio unificado, a la conquista de una sola meta definida.”Mazzini, 1834.
2-Resume el proceso de unificación italiana a partir del texto .

sábado, 13 de diciembre de 2008

EL ANTIGUO RÉGIMEN

1.-CONCEPTO
2.-CARACTERÍSTICAS
2.1.-Una demografía antigua.
2.2.-Una economía agraria.
2.3.-Una sociedad estamental.
2.4.-Un gobierno absolutista.
2.5.-El despotismo ilustrado.

Podríamos definir el Antiguo Régimen como el conjunto de rasgos políticos, jurídicos, sociales y económicos que caracterizaron a Europa y sus colonias durante los siglos XVII y XVIII. En el transcurso del siglo XIX irán siendo sustituidos por otros propios de la sociedad capitalista.
El Término lo acuñaron y emplearon por vez primera los revolucionarios franceses (durante la Asamblea Constituyente, en 1790) para designar despectivamente las estructuras política, social y administrativa del país en que vivian, que consideraban decadentes e injustas.Aunque en un principio la expresión se circunscribió a las instituciones políticas y jurídicas francesas, hoy día se emplea en un sentido más amplio y se aplica a otros estados.


Un comportamiento demográfico antiguo

Que presentaba los siguientes rasgos:
Un escaso crecimiento vegetativo, condicionado por altas tasas de natalidad contrarrestadas por altos índices de mortalidad, especialmente infantil.
Un inestable equilibrio entre la población y los recursos. El elemento regulador de la demografía era la mortalidad, estrechamente relacionada con la dependencia de una economía de carácter agrícola. Periódicamente se producían crisis de subsistencias desatadas por el encadenamiento de malas cosechas. La escasez de alimentos originaba hambrunas que a su vez producían enfermedades de carácter epidémico difundidas con gran rapidez entre una población depauperada. La secuela era una mortalidad catastrófica.
En el siglo XVIII se produjeron ciertos cambios en ese modelo demográfico; así en algunas zonas de Europa (Inglaterra, Francia, también Holanda), hubo un incremento de los excedentes alimentarios y una mejor nutrición, lo que se tradujo en la disminución de hambrunas y epidemias y, consiguientemente, en la reducción de la mortalidad.Otro factor que influyó en el descenso de la mortalidad, aunque de manera menos determinante, fue un cierto progreso de la medicina.
El resultado fue un crecimiento demográfico que sin embargo no afectó por igual a todo el continente.
El aumento de la población intensificó la demanda de alimentos y manufacturas, también incrementó la disponibilidad de mano de obra, tanto en el campo como en la industria, factores determinantes en el desarrollo de la revolución agrícola e industrial.

Una economía de base agraria

Tres cuartas partes de la población activa se concentraban en el sector primario.
La industria era tipo artesanal y conservaba todavía rasgos gremiales. Los talleres artesanos empleaban un reducido número de trabajadores, siendo la maquinaria escasa y las fuentes de energía la humana, animal o la proporcionada por el agua o el viento. La especialización era limitada, lo que significaba que el proceso de trabajo invertido en la creación de mercancías era controlado de principio a fin por una misma persona o un escaso número de operarios.

Predominaba el comercio a larga distancia, los intercambios internos eran escasos y complicados debido a las deficientes comunicaciones y la inexistencia de un mercado unificado.
El desarrollo urbano era escaso. La aldea constituía el centro de organización y producción.
Pocas ciudades superaban los 50.000 habitantes. A mediados del siglo XVIII el ciclo demográfico sufrió significativas alteraciones debidas esencialmente a una disminución de la mortalidad.
Estas transformaciones llevarían consigo un incremento de la población acompañado del trasvase de habitantes desde el campo a la ciudad, lo que repercutió en el desarrollo sin precedentes del urbanismo.

La estructura de la propiedad era de carácter señorial, cimentada en grandes latifundios cuyos propietarios percibían cuantiosas rentas de carácter feudal procedentes de una gran masa de campesinos desprovistos de tierras.

Una sociedad estamental

Una sociedad estamental es aquella organizada en estamentos. En la del Antiguo Régimen éstos constituían grupos cerrados a los que se accedía fundamentalmente por nacimiento. Aunque podía haber alguna escasa posibilidad de trasvase de uno a otro grupo (ennoblecimiento por méritos, compra, etc), lo que caracterizaba esa sociedad eran la estabilidad y la inercia. A diferencia de la capitalista, dividida en grupos en función de su riqueza y, por tanto más variable y dinámica, la estamental era casi inmutable.
Cada estamento se correspondía con un estrato o grupo definido por un común estilo de vida y análoga función social. Era impermeable, es decir, sus miembros no podían mudar de condición.
Jurídicamente era desigual. Cada una de las personas que lo componía era portadoara o no de privilegios, en función de su pertenencia a una u otra categoría. Los privilegios consistían en la exención de obligaciones (impuestos) y el derecho a ventajas exclusivas. Había un estamento privilegiado en el que se incluían la nobleza y el clero y otro no privilegiado que englobaba en su seno al resto de los estratos sociales: burgueses, artesanos, campesinos y grupos marginales.
Al estamento privilegiado se accedía (salvo en el caso del clero) por nacimiento o por concesión especial del monarca. A partir del siglo XVII cada vez se hizo más corriente que individuos burgueses alcanzaran el ennoblecimiento mediante la compra de títulos al monarca.

La rígida sociedad estamental entró en crisis a raíz de los cambios que fueron produciéndose a lo largo del siglo XVIII, que llevaron consigo el fortalecimiento de una burguesía rectora de gran parte de la economía.
No conforme sin embargo con su opulencia económica los burgueses fueron reivindicando también derechos políticos y prestigio social, algo que no estaban dispuestos a conceder los privilegiados. Esa discriminación empujará a la burguesía en ascenso hacia la acción revolucionaria cuyo objetivo será la destrucción de los privilegios feudales.
A finales del siglo las contradicciones del sistema estamental se hicieron cada vez más patentes. Esto sucedió de manera especial en Francia, donde en 1789 estalló una revolución que abrió paso a otros tantos procesos que fueron dessarrollándose a lo largo del siglo XIX e implicaron el fin del sistema feudal. Sobre las ruinas de la sociedad del Antiguo Régimen se erigió la sociedad capitalista.



















Una forma de gobierno absolutista

El gobierno de los estados del Antiguo Régimen se asentó sobre regímenes de carácter absolutista que, en su mayor parte, se justificaron ideológicamente bajo la fórmula de "monarquía de Derecho Divino”.
Bossuet, clérigo y pensador francés, en la obra "Política según las Sagradas Escrituras”, afirmaba que el poder era transmitido al Rey directamente por Dios. El monarca no es pues responsable de sus actos ante sus súbditos sino ante la divinidad. La legitimidad de su poder se asienta sobre los pilares de un derecho no terrenal, lo que desliga el ejercicio del mismo de cualquier tipo de compromiso emanado de la ley o la tradición.
El abate Bossuet defendía la actuación política del rey Luis XIV de Francia, máximo exponente del absolutismo monárquico y del centralismo, conocido como el "Rey Sol" o "Luis el Grande".
Thomas Hobbes, pensador político inglés, defendió igualmente el poder de los reyes, pero desvinculándolo de sus orígenes divinos. En su obra "Leviatán" sostenía que la autoridad de los monarcas provenía de un acuerdo establecido entre él y sus súbditos.Antes de llegar a ese pacto la humanidad había vivido en un estado de brutalidad, en el que regía la ley del más fuerte en un ambiente de guerra perpetua de todos contra todos.
La necesidad de asegurar su supervivencia y superar el estado de barbarie llevó a los hombres a renunciar a parte de su libertad y transferirla a una autoridad fuerte que se alzase por encima de los intereses particulares y garantizase la paz. La forma más natural que Hobbes consideraba como la más natural para llevar a cabo esa idea era la monarquía.

Los instrumentos utilizaron los reyes para el ejercicio ilimitado de su mando fueron: los Consejos de ministros, el Ejército, la Burocracia y la Diplomacia.
No obstante el absolutismo encontró ciertas resistencias, esencialmente las que procedían de los defensores de los privilegios feudales heredados del medievo y reservados a la nobleza y al clero. A lo largo del siglo XVIII los monarcas intentaron poner fin a la limitación del poder mediante el ejercicio de una novedosa forma de gobierno, el "Despotismo Ilustrado".

Pocos estados europeos escaparon al absolutismo monárquico como fórmula de ejercicio del poder. Destacaron tres: las Provincias Unidas (Holanda), la República de Venecia e Inglaterra.
El absolutismo alcanzó su máximo explendor entre la 2ª mitad del siglo XVII y finales del siglo XVIII, finalizando como consecuencia de las revoluciones burguesas habidas durante los siglos XVIII y XIX.

El Despotismo Ilustrado

Constituyó una forma de gobierno que trataba de conciliar el absolutismo con las nuevas ideas de la Ilustración, intentando para ello conjugar los intereses de la monarquía con el bienestar de los gobernados. Se desarrolló durante la segunda mitad del siglo XVIII.El término tiene su origen en la palabra italiana "Déspota", es decir, soberano que gobierna sin sujeción a ley alguna. Buena parte de los soberanos europeos desarrollaron en mayor o menor medida esta forma de gobernar, utilizando su indiscutible supremacía como herramienta para incentivar la cultura y la mejora de las condiciones de vida de sus subditos.
Pero al hacerlo, prescindieron de su concurso y opinión. La famosa frase acuñada “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo” se hizo eco de una realidad que intentaba aunar la tradición con la novedad. Para llevarla a cabo se valieron de una serie de reformas que en cierto modo buscaban modernizar las estructuras económica, administrativa, educativa, judicial y militar de sus respectivos estados.
Todo ello, sin embargo, respetando la esencia del régimen absolutista y la división estamental de la sociedad. La planificación y puesta en práctica de esas actuaciones recayó sobre sobre una serie de ministros y altos funcionarios de la administración estatal, entre los que destacaron el marqués de Pombal en Portugal, el marqués de la Ensenada en España o Turgot en Francia.
Descollaron los siguientes déspotas:En España, Carlos III; en Austria, María Teresa y José II; en Prusia, Federico II; en Rusia, Catalina II.
No obstante, la moderna historiografía pone en duda la verdadera intencionalidad reformista de algunos de ellos. Tal es el caso de Catalina de Rusia o Federico el Grande de Prusia.
En Francia, cuna de las revoluciones burguesas, el despotismo ilustrado no alcanzó el relieve que en otros estados europeos, ya que las iniciativas de sus defensores (los ministros Turgot, Necker, Brienenne o Calonne) se toparon con la incomprensión y oposición de los privilegiados a los que las reformas afectaban negativamente.
Las limitaciones del despotismo ilustrado fueron evidentes: obtuvo relativos éxitos en los campos administrativo, educativo y económico. Sin embargo fracasó en el social ya que sus promotores no fueron partidarios de acometer reformas en profundidad que pusiesen en peligro las viejas estructuras del Antiguo Régimen.
Este fracaso abrió el camino a posiciones más radicales y, a la postre, el intento de modernización del absolutismo se vio frustrada por las revoluciones burguesas.


















sábado, 15 de marzo de 2008

VIDA PRIVADA DE ISABEL II


Continuando con el tema de la España Liberal y su consolidación hay que destacar en ella como figura central a la Reina Isabel II. Hablamos de su madre, Maria Cristina de Borbón y de su ajetreada vida sexual. Finalmente tuvo que renunciar a la Regencia en octubre de 1840 tras el movimiento encabezado por el general Espartero. Pero éste, lejos de colmar las espectativas progresistas generalizadas, acabó gobernando dictatorialmente, con las Cortes disueltas. Un pronunciamiento lo derrocó y restituyó una sobra de gobierno parlamentario que nuevamente desembocó en una dictadura, esta vez del general Narváez.


Por lo que respecta a la Reina, hay que señalar, como bien indica en la obra "Historia de España para escépticos " J. Eslava Galán, que Isabel fue una niña con una educación muy pobre, prácticamente era analfabeta. En lo que resultó precoz fue en el sexo. A los trece años, declaran su mayoria de edad y, a los dieciséis, la casaron con su primo Francisco de Asís, ocho años mayor que ella. Su marido era bisexual, tirando a maricón y voyeur. Creció Isabel, más a lo ancho que a lo alto, y se convirtió en una reinona gorda y fofa, castiza y chulapona, hipocondríaca y fecunda.
La Reina era muy fogosa y tuvo decenas de amantes, uno de los cuales, Carlos Marfiori, llegó a ministro. Tuvo Isabel once hijos, de los cuales le vivieron seis. Los que vivieron parece que tenían otra paternidad que no era la de su marido, sino de distintos amantes. El primero, una niña, del apuesto comandante José Ruiz de Arana, y el siguiente, un niño, el rey Alfonso XII, del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó. Más adelante tuvo otras tres niñas de su agraciado secretario particular, don Miguel Tenorio de Castilla.
Desde el punto de vista dinástico no es ningún problema el que Alfonso XII fuese hijo adúlterino, ya que según la ley española, fiel al código napoleónico, sostiene que todo hijo nacido dentro del matrimonio tiene como padre al marido.
Una anécdota: para que se vea el carácter llano y borbónico de la Reina, al ginecólogo que auscultándola predijo que estaba embarazada de un varón ( Alfonso XII) le concedió el título de marqués del Real Acierto.
Otra anécdota definitoria de la consideración que de Isabel II tenían, incluso a nivel internacional: El papa , que se había resistido a bautizar a Alfonso XII por ser hijo adulterino, finalmente aceptó y apoyó a la Reina Isabel, incluso la condecoró con la más alta distinción vaticana, la Rosa de Oro. Un cardenal, indignado objetó: - Santo Padre, ! es una puttana!. A lo que el Papa respondió: - Una Puttana, ma pia ( Puta , pero piadosa).

sábado, 19 de enero de 2008

ALGUNOS ENLACES PARA LA GEOGRAFÍA DE SEGUNDO DE BACHILLERATO

Hola un saludo a todos. Hacía bastante tiempo que no escribía nada. El cambio de trabajo me ha impedido ir actualizando mi blog como hubiese deseado. Hoy lo hago y comienzo también a introducir temas de geografía, como alguno de vosotros me había pedido. Espero que os sea útil de cara a superar la materia y también para preparar la futura selectividad, que está ya casi ahí.
Lo primero que me parecía bastante útil era dejaros algunos enlaces a otras páginas a través de los cuales intenteis aclararos más las ideas. Teniendo en cuenta vuestro magnífico manejo de la web, creo que en estas páginas encontraréis lo que buscáis. De todas fomas yo mismo iré subiendo algún contenido interesante espero. Hay va:


-www.inicia.es/de/antobc/index.htm
En esta página podréis autoevaluaros sobre la geografía física, es decir, sobre la primera evaluación. Os servirá como repaso.

-www.uchbud.es/geografia.html
Enorme cantidad de información sobre geografía de España y el temario oficial.

Más adelante y con más tiempo añadiré más enlaces que creo que os podrán ser útiles.

sábado, 5 de enero de 2008

LA VIDA PRIVADA DE LOS MONARCAS ESPAÑOLES. MARIA CRISTINA DE BORBÓN DOS-SICILIAS.

Si hacemos hincapié en este artículo en aspectos de la vida privada de las reinas de
España no es con un afán morboso ( eso que se hace en los programas del corazón), sino, que quede claro, porque estas situaciones personales tuvieron grandes repercu-
siones en asuntos de la vida política y el normal desarrollo del país. Comenzaremos
por la Reina viuda, Regente del reino tras la muerte de su marido Fernando VII, puesto que la nueva reina Isabel II era menor de edad para ser nombrada ya reina de España.

Maria Cristina de Borbón Dos-Sicilias


Actuó como Regente durante la minoría de edad de su hija Isabel al morir su marido, el rey. Don Fernando VII murió en 1833 cuando su hija Isabel tenía poco menos de tres años. María Cristina fué la Regente del Reino hasta 1840 , año en que se vió obligada a entregar la regencia al General Espartero.

A la muerte de Fernando, la titularidad de la Corona se la disputó a su hija Isabel, el Infante Don Carlos , hermano del difunto rey, que atribuía su derecho a la Ley sálica que, no obstante, había sido derogada expresamente por Carlos IV y ratificada la derogación por el propio Fernando VII. Este hecho dio lugar al inicio de la Primera Guerra Carlista en la que el Infante Carlos, al principio desde el exilio y después desde Navarra y Vascongadas desarrolló una feroz campaña militar, siendo derrotado finalmente.

Pero Maria Cristina, poco después de la muerte de su esposo, se casó secretamente con el sargento Fernando Muñoz el 28 de diciembre de 1833 , lo que le granjeó una buena parte de su impopularidad. Tras varios intentos fallidos de conciliar las tendencias políticas de liberales y moderados, hubo de entregar la regencia a Espartero y exiliarse, saliendo de España en octubre de 1840 en el vapor Mercurio. Desde Marsella lanzó una proclama a los españoles manifestando que su renuncia había sido forzada. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la bendición del Papa Gregorio XVI a su matrimonio morganático, para instalarse tres meses después en París, desde donde se rodeó de sus más fieles e intrigó contra el gobierno espartista, hasta que este fue derrocado y su hija Isabel II nombrada reina aún en minoría de edad.

Veamos ahora quién era ese tal Fernando Muñoz: Se trataba de un simple mancebo(ayudante) de barbero que ingresó en el ejército como Guardia de Corps, formando parte de la escolta privada de la Reina Maria Cristina, que a los tres meses de enviudar , se casó en secreto con él. Éste tipo de matrimonio se conoce como matrimonio morganático que es aquel realizado usualmente entre dos personas de rango social desigual (noble y plebeyo) en el cual se previene que el cónyuge y cualquier hijo de dicha unión herede u obtenga los títulos, privilegios y propiedades del noble.Principalmente se realiza entre un noble y una plebeya, o viceversa aunque estos últimos son casos poco comunes ya que generalmente las mujeres no heredan o reciben títulos y privilegios. En esta forma de matrimonio cada cónyuge (generalmente) mantiene su estado original, a los hijos nacidos de este matrimonio se les conoce como hijos morganáticos y para efectos legales son considerados hijos legítimos.En el caso de Maria Cristina y Fernando Muñoz hay que señalar que tuvieron, nada más y nada menos que ! siete hijos !. Parece que el matrimonio era bastante estable, pese a ser secreto.

Naturalmente todo ello se tenía en el más absoluto de los silencios de cara a la opinión pública, puesto que en los ámbitos dirigentes por decirlo así , por supuesto, era sabido.


Debido al secreto de la primera boda, la celebrarán oficialmente con expreso consentimiento de la Reina Isabel II el 12 de octubre de 1844. En junio de 1844 fue nombrado Grande de España y se constituyó el Ducado de Riánsares para otorgarle el título. Al día siguiente de la boda oficial fue nombrado
Teniente General y Senador vitalicio.Adquirió más tarde el título de Marqués de San Agustín y, ya en el exilio en Francia junto a María Cristina, Luis Felipe I de Francia lo nombró Duque de Montmorot.

Fue el promotor de los múltiples negocios que, junto con María Cristina, crearon empresas promotoras del ferrocarril en el Principado de Asturias y la actual Comunidad Valenciana con las que se alzó con una gran fortuna. Carecía de ambición política, llegando incluso a rechazar la corona de Ecuador, que las autoridades de dicho país pretendían instaurar.

En 1844 Él y la reina ( que ya no era regente) regresaron a España y se instalaron en Madrid, en un palacete desde donde trataban de controlar la política que desempeñaba su hija Isabel. Iniciaron negocios en España con el comercio de la sal y del ferrocarril, en los que participa también Narvaez, de tal suerte que se llegaba a afirmar que no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses. Esta situación derivó en una mayor impopularidad, avivada por el marido de Isabel II, hasta que fue nuevamente expulsada y retirada la pensión vitalicia que previamente le habían concedido las Cortes.

Permaneció en Francia el resto de su vida y sólo volvió a España cuando su nieto, Alfonso XII ocupó el trono, si bien con la limitación de no poder instalar su residencia definitiva en el país. Tanto Isabel II como Alfonso XII mantuvieron malas relaciones con María Cristina por causa de su boda secreta y murió en el exilio, siendo enterrada posteriormente en el .

¿Qué consecuencias políticas tuvo este matrimonio secreto que podía haber supuesto un escándalo de grandes proporciones para la monarquía?. Pues parece confirmado que la Reina Regente Maria Cristina buscó el apoyo en los liberales y a cambio éstos se comprometieron a no sacar a la luz pública el escándalo. O sea que fue un factor más en la implantación del régimen liberal en España.

Admito opiniones en este sentido. En el otro capítulo hablaré de los escándalos amorosos de la Reina Isabel II, que llevaron a algunos de sus más cercanos colaboradores a asegurar en privado que Isabel II era bastante "ligera de cascos", por decirlo de esa manera.

P.D. : que conste que tocaré el tema también cuando hable de los siguientes reyes de España. No hay nada de machismo en esta entrada.

miércoles, 2 de enero de 2008

HISTORIA DE LA BANDERA NACIONAL

FELIPE V

Coincidiendo con la llegada del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión subsiguiente al fallecimiento de Carlos II, se asentó en España la Casa de Borbón, cuyo primer monarca, Felipe V, cambió totalmente la filosofía y el diseño de las banderas de España.

Este Rey va a ser el primero que dará a España un símbolo unificado y propio, al poner, sobre tela blanca, el aspa de borgoña y el escudo. No es aún una bandera nacional, pero si es el primer atisbo.

Decretó para las unidades militares dos tipos de banderas:
  • Bandera Coronela o principal, llamada así por ser la perteneciente al primer Batallón del Regimiento, cuyo mando ostentaba el propio Coronel. Sobre ella acabará poniendo el escudo real.
  • Bandera Sencilla o Batallona, para el resto de los Batallones, blanca con las Aspas de Borgoña en rojo.

R.O. 12 julio 1728:

"En cada Batallón de nuestras tropas habrá tres banderas de once pies de alto, de a doce pulgadas cada asta de ellas con regatón y moharra. La Coronela será blanca con el escudo de nuestras Armas Reales y las demás blancas con la Cruz de Borgoña; y en una y otras se podrán poner en la extremidad de las esquinas las armas de los reinos y provincias de donde tengan el nombre, o las divisas particulares que hubiesen tenido o usado, según su antigüedad..."

Carlos III

Al subir al trono el monarca Carlos III, observó que la mayoría de los países utilizaban pabellones en los que predominaba el color blanco (España, Francia, Gran Bretaña, Sicilia, Toscana...) y, dado que estaban frecuentemente en guerra entre sí, se producían lamentables confusiones en la mar, al no poder distinguirse si el buque avistado era propio o enemigo hasta no tenerlo prácticamente encima; por ello, encargó a su Ministro de Marina que le presentase varios modelos de banderas, con la única condición de ser visibles a grandes distancias. El Ministro convocó un concurso seleccionando doce bocetos de los presentados, los cuales mostró al rey. El Soberano eligió dos de ellos, a los que varió las dimensiones de las franjas, declarándolos reglamentarios el primero para la Marina de Guerra y el segundo para la Mercante.


Por Real Decreto de 28 de Mayo de 1785, dispuso:

"Para evitar los inconvenientes y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia, puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa mi Armada Naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos, con las de otras naciones, he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de enmedio amarilla, colocándose en esta el escudo de mis Reales Armas reducido a dos cuarteles de Castilla y León con la Corona real encima... ".

Más tarde, amplió el uso de esta bandera a todos los establecimientos dependientes de la Armada.

El Ejército continuó utilizando las banderas anteriores, excepto el Cuerpo de Ingenieros, que desde su creación usó bandera morada.

CARLOS IV (1788-1808)

Siguieron en uso las banderas del modelo 1768.La Guardia Real continuó con sus banderas de Carlos III, mientras que la caballería y los dragones continuaban con estandartes y guiones, ya casi siempre carmesíes, con las armas del Regimiento en una de sus caras y las Reales en la otra, siendo de destacar el Regimiento del Príncipe, que usaba estandartes azules, y el de Dragones del Rey, que aún utilizaba un guión Coronel blanco con las armas del Conde de Monterrey.

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808-1814)

A lo largo de la guerra (1808-1814), prácticamente todos los Regimientos se vieron forzados a renovar sus banderas, bien por haberlas perdido en combate, como debido a las sucesivas reformas a que fueron sometidos.

Estas nuevas banderas, en lo que respecta a los cuerpos regulares ya existentes antes de iniciarse la contienda, y dado que no se publicó ninguna nueva R.O., correspondían, en líneas generales, al modelo 1762. Pero cuando en 1812 se redujo la fuerza de todos ellos a tan solo 1 Batallón, con lo que deberían reducir sus banderas a tan solo la Coronela, se produjo la aparición de un nuevo modelo, no generalizado, en el que el escudo Real figura sobre el cruce del aspa roja de Borgoña, simbolizando tal vez la fusión en una sola de las anteriores Coronela y sencilla.

Como al comenzar guerra las tropas del intruso José Bonaparte llevaban banderas blancas, es posible que debido a ello empezase a popularizarse entre las tropas terrestres leales a Fernando VII la Bandera Bicolor, como la enarbolada durante el Sitio de Gerona, hoy conservada en el Museo del Ejército.

FERNANDO VII (1814-1833)


Destaca por su difusión un modelo lamentablemente no adoptado por todos, en el que el escudo Real figuraba sobre el cruce del aspa, y correctamente bordado en ambas caras, ya que hasta entonces el escudo siempre había aparecido invertido en el reverso.

En 1820 fue creada la Milicia Nacional, señalándosele banderas moradas con el escudo cuartelado de Castilla y León en su centro y el de la localidad que daba nombre a cada Batallón en sus esquinas, pero ese mismo año se anuló dicho modelo por otro rojigualda con el lema CONSTITUCION sobre su franja central, y el nombre de la provincia y la localidad en las dos rojas.

En 1821 se redujo el número de estandartes y guiones de caballería y dragones a tan solo 1 por Regimiento.

Durante el Periodo Constitucional de 1821- 1823, tras la sublevación del General Riego, fue abolido el uso de las banderas, ordenando las Cortes la sustitución de todas las banderas y estandartes por unas enseñas consistentes en un león de bronce que sostenía, con una de sus garras, el libro de la Constitución. Debido a la Guerra Civil que azotaba el país (1820-1823) esta medida no pudo llevarse a efecto, llegando a entregarse tan solo 1 león de bronce al 2º Batallón del Regimiento Asturias, por haber sido el primero que con el general Riego proclamó la Constitución de Cádiz en Cabezas de San Juan (1820). Finalizado este periodo, se volvió al uso de las banderas tradicionales.

En 1823 regresa Fernando VII al poder absoluto, decretando la disolución de todo el ejército y de la Milicia Nacional. A continuación crea varios Regimientos sin nombre con un número como única identificación, a los que dota de banderas Coronelas y sencillas, en unos casos nuevas

ISABEL II ( 1833-1868)

Los Regimientos continuaron con sus banderas anteriores, todas blancas menos las moradas del Regimiento del Rey, hasta la conclusión de la guerra Carlista (1833-1840), y en 1841, al ser reorganizado el ejército fueron muchos los Regimientos que renovaron sus banderas por otras similares a las anteriores, y con la única novedad de que sus corbatas tienen ahora flecos, detalle del que habían carecido hasta entonces.


Bajo el reinado de Isabel II se amplió el uso de la Bandera Bicolor al Ejército de Tierra, procediéndose así a unificar la bandera española. Por Real Decreto de 13 de octubre de 1843 se dispuso la sustitución de todas las enseñas del Ejército por otras nuevas rojigualdas, colores hasta entonces utilizados por la armada y por algunos Batallones de la Milicia Nacional, ya que habían ido tomando carácter de símbolo liberal, frente a las blancas, también utilizadas por los carlistas durante la pasada Guerra Civil. Por el citado R.D. en adelante las banderas deberían ser todas rojigualdas.

Pese a lo dispuesto, la adopción real de las nuevas banderas rojigualdas de infantería no se finalizó hasta 1846, y el Regimiento de la Reina Gobernadora seguiría usando las suyas blancas hasta 1854, mientras que el del Rey, por concesión de 1851, no abandonaría su Coronela morada hasta 1931.

II REPÚBLICA (1931-1936)

El 14 de Abril de 1931 fue derrocada la Monarquía y proclamada la 2ª República, viéndose ya desde el primer momento banderas tricolores, roja, amarilla y morada, simbolizando al nuevo régimen, en vez de la anterior rojigualda, considerada entonces monárquica.

Oficialmente fue adoptada el 27 de Abril, y el 6 de Mayo fue descrita con carácter general para el ejército, como formada por tres franjas horizontales de la misma anchura, respectivamente roja, amarilla y morada, con el escudo adoptado en 1868 por el Gobierno provisional en su centro (cuartelado de Castilla, León, Aragón y Navarra, con la Granada en punta, timbrado por corona mural y entre las dos columnas de Hércules).

No podemos pasar por alto los dos grandes errores en los que se incurrió con este cambio:

1º: La Bandera Bicolor no era la bandera monárquica, como lo demuestra el hecho de que en los Decretos Reales, al referirse a ella, se emplea el termino de BANDERA NACIONAL, existiendo aparte el Pendón Real el cual sí era privativo del monarca y que, curiosamente, en la época de Isabel II era de color morado.

2º: El Pendón de Castilla no es morado, sino carmesí. La confusión existente acerca del color del pendón castellano nació en el siglo XIX, cuando una de las múltiples sociedades secretas, que tanto proliferaron en aquella época, tomó el nombre de "Comuneros" y adoptó el color morado como distintivo, sin que tuvieran ninguna relación con los verdaderos Comuneros que, cuatro siglos antes, habían enarbolado el pendón carmesí en Villalar.


ESTADO ESPAÑOL:GOBIERNO DE FRANCO (1939-1975)

Concluida la Guerra, y pese a la reorganización del Ejército, muchos cuerpos continuaron, de momento con sus rojigualdas improvisadas en el 36, pero a partir de 1940 comenzaron a entregarse nuevas enseñas, cuya principal novedad consistía en que el escudo que figura sobre el águila ha adquirido nuevos cuarteles, convirtiéndose en el mismo que adoptaron los Reyes Católicos tras la toma de Granada, tal y como se dispuso, pero se incumplió, en 1938 y las columnas de Hércules se desplazan hasta fuera de las alas.

El 26 de Julio de 1945 se decretó la supresión de los guiones de mando, que tanto habían proliferado durante la Guerra Civil, y el 11 de Octubre se publicó un detallado reglamento de banderas, que fijaba el modelo de bandera rojigualda ya en uso, pero definiendo mejor sus detalles, destacando un mayor estilizamiento del águila de San Juan, hasta entonces algo rechoncha, así como el nombre de la unidad, que bordado en letras negras volvía a figurar oficialmente (pues extraoficialmente ya lo había hecho) alrededor del escudo central.

REINADO DE JUAN CARLOS I

Desde la muerte de Franco, en 1975, y hasta 1977, se prosiguió con el reglamento de 1945.

El 21 de Enero de 1977 se aprobó un nuevo reglamento que difería del anterior tan solo en que el águila tenía sus alas mucho más abiertas, (águila "pasmada"), las columnas de Hércules vuelven a colocarse dentro de las alas, y la cinta con el lema UNA GRANDE LIBRE se desplaza del cuello del águila, para situarse por encima de su cabeza. No se construyeron muchas banderas con este escudo.

Por último, y tras la restauración de la Casa de Borbón en el Trono español, en la persona de S.M. D. Juan Carlos I, se publicó en 1978 la Constitución Española, cuyo artículo 42 en su apartado 12, dice:

"La Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas".

El 5 de octubre de 1981, la Ley 33/1981, (BOE nº 250, de 19 de octubre de 1981) define el nuevo Escudo de España.

El 28 de octubre de 1981, la Ley 39/1981, de 28 de octubre (BOE nº 271, de 12 de noviembre), sobre el uso de la bandera de España y de otras banderas y enseñas, dice en su artículo 2.2: "En la franja amarilla se podrá incorporar, en la forma que reglamentariamente se señale, el escudo de España".

El 20 de Octubre de 1982 se ordenó que todas las banderas que tuviesen menos de 50 años (es decir, todas menos la de la Academia General Militar) fuesen sustituidas por otras nuevas del modelo 1981, cuya diferencia con el anterior consiste en que el escudo del águila ha sido sustituido por otro cuartelado de Castilla, León, Aragón y Navarra, con la Granada en punta y el escusón central de la casa de Borbón, timbrado por corona Real y entre con las columnas de Hércules a sus costados.

Debe recordarse que no existe un Escudo constitucional, sino una bandera constitucional, que es la bandera sin escudo, ya que el Escudo de España no aparece en la Constitución, sino en una Ley posterior.